La biblioteca de los libros rechazados, de David Foenkinos

En un pueblo francés, una biblioteca guarda los libros que las editoriales nunca quisieron publicar. Entre estos libros rechazados, una pareja de novios encuentra una emotiva obra que acaba convirtiéndose en una de las más vendidas en Francia. ¿Pero es cierto que un pizzero es el verdadero autor? Así arranca el misterio de esta novela.

Comencé a leer La biblioteca de los libros rechazados (en francés: Le Mystère Henry Pick) justo después de acabar El Comendador Mendoza, de Juan Valera, una obra decimonónica con un estilo de redacción muy diferente. Así que, cuando inicié su lectura, tuve la sensación de estar leyendo una tira cómica, y me costó sumergirme en un relato que saltaba de un personaje a otro sin darte tiempo a recordar sus nombres. Luego, me dejé llevar por la trama y ya solo me preocupó saber cómo iba a resolverse el misterio.

La obra es una crítica al marketing del mundillo de los libros y nos plantea hasta qué punto los lectores somos dirigidos por las editoriales y los críticos en nuestros gustos con el fin de que, ante una marabunta de libros publicados cada año, adquiramos una obra en lugar de otra. Y es que, en estos tiempos que corren, destacar y estar en boca de todos está por encima del valor literario de lo que se publica .

Foenkinos escribe con desenfado y humor, y presenta a los personajes, de esta novela coral, como meras caricaturas que nos hacen reír y pensar al mismo tiempo.

Es cierto que la intriga acaba por atraparte (la última parte del libro la devoré en un momento), pero hubo ocasiones en las que llegué a sentir algo de aburrimiento, o más bien cansancio, ante una historia que parecía no avanzar. Y…, bueno, no voy a desvelar el final, pero, como suele ocurrir con las novelas de misterio, el escritor nos toma un poquito el pelo…

Admito que no conocía nada de la obra de este autor, David Foenkinos, galardonado con un Goncourt y varios premios, es decir, iba sin ninguna idea preconcebida, pero guiada por las buenas críticas que había leído. Es posible que esta ignorancia sobre el estilo de Foenkinos y mis grandes expectativas hayan sido las causantes de cierta desilusión final. Tal vez esperaba algo más profundo, o distinto.

En fin, si queréis pasar un buen rato y olvidaros del frenesí o del tedio de la vida diaria, esta novela es una buena opción.

Título: La biblioteca de los libros rechazados

Autor: David Foenkinos

Sekka Kamisaka

Sekka Kamisaka 神坂 雪佳 (1866-1942) fue un pintor japonés nacido en Kioto.

Siguió el estilo artístico tradicional de su país, la escuela Rimpa.

En 1901 es enviado a Glasgow por el gobierno japonés y allí se deja influir por las corrientes modernistas. Estudia qué elementos del arte japonés son los más atractivos para Occidente y los incorpora en sus nuevos trabajos.

Momoyogusa (Un mundo de cosas 百々世草) es su obra maestra, 1909-1910. Pertenecen a esta colección: Tomoe no yuki (Remolinos de nieve 巴の雪), Ajisai (Hortensia 紫陽花) y Haru no tazura (Campo de primavera 春の田面), entre otras.

Tomoe no yuki (Remolinos de nieve 巴の雪)
Haru no tazura (Campo de primavera 春の田面)
Ajisai (Hortensia 紫陽花)

El Comendador Mendoza, de Juan Valera

Don Fadrique, después de hacer fortuna como marino mercante y de sufrir un desengaño con las ideas de la revolución francesa, al cumplir los cincuenta años decide volver al pueblo que lo vio nacer para llevar una vida relajada cerca de su familia y amigos. Pero pronto esta paz se ve truncada por la aparición de una dama. Subsanar un daño causado en el pasado se convertirá en su obsesión.

La historia de la novela se desarrolla en los últimos años del siglo XVIII, pero este contexto histórico más bien sirve de excusa para resaltar las cualidades y el modo de pensar de los personajes. Es El Comendador Mendoza un libro sobre el pecado, la expiación y el fanatismo religioso. La religión y cómo esta es sentida y vivida por los personajes es, en mi opinión, el tema principal, porque ante un problema de conciencia cada uno de ellos actuará de manera diferente: con fanatismo, con indulgencia, con realismo…

Aunque este problema de conciencia parece ahogar a todos bajo la sombra de la religión, Valera no puede evitar hacer un guiño y reírse un poco de todo este asunto cuando describe la falta de escrúpulos de otros personajes que se verán en la misma situación.

El ritmo de la historia es lento y pausado, sin estridencias, como una tarde cálida de primavera en un patio andaluz. Pero cuando nos vamos acercando al final, el relato se precipita hacia un desenlace que se intuye y se espera, es decir, feliz y satisfactorio.

Juan Valera escribe con sencillez pero su lenguaje está plagado de vocablos cultos, muchos ya en desuso, que pueden producir rechazo en los lectores de ahora, junto con expresiones cotidianas del habla de su tierra natal, Córdoba. Algo que me ha llamado la atención en su escritura es su fuerte tendencia al leísmo, sobre todo al principio de la novela.

Y, por último, quiero hablar de algo que a mí, personalmente, me ha chocado y repelido a la vez, y es sobre cómo se toma con ligereza la relación amorosa entre un tío y su sobrina carnal. Tal vez en los siglos XVIII y XIX se aceptara este tipo de uniones con más naturalidad, pero creo que en la actualidad algo así no se vería con buenos ojos.

Título: El Comendador Mendoza

Autor: Juan Valera

El ejemplar que he leído es de Ediciones Libanó y pertenece a la colección Clásicos Andaluces.

Decepción

Hoy fui a Kōbe en busca de un libro en español.

Me habían dicho que en la librería Kinokuniya podría encontrar obras extranjeras.

Así que esta mañana, sin pensarlo mucho, me acerqué a la estación de trenes y me dirigí hasta Sannomiya.

El aire que soplaba hoy era diferente al de otros días. Era una brisa de otoño que a veces me hacía estremecer de frío, a pesar del brillante sol.

Desde el interior del vagón pude ver que todo el paisaje aún estaba cubierto de verde, aunque salpicado, aquí y allá, de tonos amarillentos, por los campos de arroz.

Al principio en mi vagón solo éramos cinco mujeres, pero luego, poco a poco, se fue llenando con otras pasajeras que fueron entrando en cada parada que hacía el tren. Me hizo gracia notar que todas las mujeres vestían con ropa de otoño, menos yo.

En cuanto llegué a Kōbe, salí disparada hacia la librería, que no estaba muy lejos. Allí, toda ilusionada, pregunté dónde estaban los libros en otros idiomas, pero… ¡nada!, ¡en esa librería no había ni un libro! Menuda desilusión.

Opté por ir a otra librería que se encontraba unas calles más alejada, pero la respuesta fue la misma. Solo había libros para estudiar idiomas: francés, inglés, alemán, chino, coreano, italiano, ¡hawaiano!, y, por supuesto, español. Estuve un rato echando un vistazo entre las estanterías y, finalmente, decidí llevarme un libro de relatos cortos de Osamu Dazai. Estaban escritos en español y en japonés.

Derrotada, me volví para casa. Cuando entré en la estación, observé que las paredes estaban cubiertas de posters con fotos de jugadores de rugby. Sabía que, últimamente, el rugby se había puesto de moda gracias al buen hacer del equipo japonés, pero me parecía un poco excesivo tanto interés. Me detuve a leer uno de ellos y por fin lo comprendí. Este año se celebraba el mundial de rugby en Japón.

Mientras esperaba mi tren, me quedé mirando los letreros de la estación para hacer tiempo, y de pronto escuché que alguien me hablaba: «Do you understand?». Era un señor mayor el que se dirigía a mí. Sorprendida, tardé un segundo en contestar. «Wakarimasu», le dije en japonés y riendo. Creo que el pobre se quedó un poco decepcionado por no responderle en inglés.

De nuevo sentada en el vagón con otras pasajeras, saqué mi libro y leí entre rayos de sol hasta llegar a mi destino.