Un café en la biblioteca pública

En Japón se están abriendo pequeños cafés en las bibliotecas públicas, y mi ciudad no podía ser menos.

Una mañana, de un día entre semana, me acerqué a la biblitoteca y visité su cafetería, que estaba en la segunda planta. No había nadie. Cerca de la entrada había una máquina expendedora de cafés, y en una mesita se habían colocado algunos libros. Estaba decorada con colores alegres y se veía muy limpia, pero me pareció algo desangelada y fría: una cafetería sin personas y con pocas mesas, verdaderamente, no puede crear un ambiente muy acogedor. Me prometí volver otra vez para ver ese espacio lleno de lectores y sentarme a una de sus mesas con un libro y un vaso de café.

¿En España se extenderá esta idea? ¿Dejarán que los libros se manchen de gotas de café y leche?

La mujer en la ventana, de A.J. Finn

Dicen que para gustos los colores. Este libro no me ha gustado.

Pensé que iba a leer una interesante obra de misterio y ha resultado ser una gran decepción.

Esta novela es el guion de un película que has visto muchas veces en televisión o en el cine, ya sabes, esa película en la que la protagonista ve algo horrible, pero la policía ni sus amigos la creen; esa película en la que luego el malo (o mala) acaba despatarrado en el suelo, bastante muerto, cerca de la protagonista, pero, ¡ahora sí!, la policía solo con echar un vistazo sabe que ella es la buena sin lugar a dudas; en fin, esa película que concluye con un día luminoso porque ya no llueve, ni es de noche, ni hace mal tiempo y ya no da miedo… Seguro que te suena, ¿verdad?

En mayo estrenan la película, por si quieres verla otra vez…

Título: La mujer en la ventana

Autor: A.J. Finn

Editorial: Grijalbo

La voluntad, de José Martínez Ruiz “Azorín”

En mi época escolar aprendí que Azorín fue el autor que puso nombre a una generación de escritores, la del 98, a la que él también perteneció. Leímos a Unamuno, a Baroja, a Valle Inclán, a Machado… pero no a Azorín. Con el paso del tiempo, sentí que tenía una deuda con este escritor y me puse manos a la obra, a “su obra”.

La voluntad (1902) es una novela que no fue muy bien recibida por la crítica de la época. Algunos ridiculizaron su innovadora forma de narrar: ¿una novela sin trama argumental, sin fabulación, donde no ocurre absolutamente nada?

Así es. En esta obra hay un personaje principal, Antonio Azorín, pero su historia es simple: Azorín reside en Yecla, después trabaja como periodista en Madrid, y luego vuelve a su pueblo y se casa. No hay mucho más. Porque esta es una novela de ideas. Ideas que han transcendido en el tiempo y que siguen siendo actuales.

El autor nos habla de un pueblo, Yecla. Un pueblo que acomete grandes proyectos con energía para luego abandonarlos; un pueblo que se enriquece gracias a una coyuntura económica, y después se hunde en la miseria porque no hace planes de futuro; un pueblo que se queda sin voluntad y se sumerge en la abulia y el hastío, para dejarse dominar por otros… Me pregunto: ¿no está hablando de España?

Por último, quería resaltar una idea que me ha parecido muy interesante. Azorín lamenta el rumbo que estaba tomando el periodismo de su época, cada vez menos especializado, y dice así: «Dentro de treinta años todos seremos periodistas, es decir, nadie sabrá nada de nada. Nos limitaremos a sospechar las cosas, lo cual tiene la ventaja de que ahorra tiempo y no entristece el espíritu con la melancolía de las lecturas largas». Si Azorín levantara la cabeza, ¿qué pensaría de nuestras redes sociales?

Título: La voluntad

Autor: José Martínez Ruiz “Azorín”

Editorial: Cátedra

Seijin no hi

Hoy se ha celebrado el Seijin no hi, es decir, el Día de la mayoría de edad.

Para la ocasión, la mayoría de las chicas se han vestido con un kimono de mangas largas que se llama furisode, y los chicos, con un traje occidental. Después han asistido a una ceremonia que ha tenido lugar en el ayuntamiento de su ciudad o pueblo.

En Japón, la mayoría de edad se alcanza a los veinte años, pero desde 2022 será a los dieciocho. Esto significa que podrán votar antes, pero el alcohol y el tabaco no los verán ni en pintura hasta los veinte. Es como si dieran la mayoría de edad a plazos. Por cierto, muchos aprovechan este día para cogerse una buena cogorza.

En la foto aparezco yo con un kimono furisode. Es precioso, ¿verdad? Sí, muy bonito, pero terriblemente incómodo, apenas podía respirar con él. Cuando me lo quité, sentí que me liberaban. Pienso en las chicas de hoy, que han estado todo el día con el kimono puesto, y no puedo dejar de admirarlas.

Dondo-yaki

Esta mañana, de cielo azul y sol radiante, los vecinos hemos celebrado el dondo-yaki.

En el parque de nuestro barrio se hizo una hoguera, flanqueada por cuatro ramas de bambú, para quemar los shimekazari y otros adornos de Año Nuevo. A los niños se les regaló una bolsa de chucherías, y a los mayores, sake, cerveza, mandarinas, fideos instantáneos… Junto a la hoguera, algunos vecinos charlaban tomando un vasito de sake, otros simplemente nos contábamos nuestras cosas y mirábamos cómo los niños corrían y saltaban felices.

Nezumi

El 2020, en el horóscopo chino (“eto” en japonés), es el año de la rata o el ratón, lo que significa que traerá prosperidad a la estirpe, es decir, a la familia. A mí, francamente, no me gusta nada este animalito, llamado nezumi en japonés, pero, como todos los años, he comprado en el santuario mi pequeño amuleto para colgarlo en el llavero, por si acaso… 

Un nuevo año

Esta mañana, cerca de las siete, nos reunimos un grupo de vecinos en un punto desde donde se podía ver la salida del sol entre dos montañas. En un principio, las nubes teñidas de color rojo prometían una bella imagen, pero resultaron ser una molestia. Los primeros rayos quedaron ocultos tras unas nubes grises y, aunque el sol apareció después sobre estas, nos quedamos sin poder contemplar el momento mágico. Un poco decepcionados, iniciamos nuestra vuelta a casa.

Luego llegó la hora de hacer la primera visita al santuario, Hatsumōde. Cuando llegamos, aún no había mucha gente. En fila esperamos nuestro turno para rezar ante los diferentes altares, siguiendo el ritual. En una esquina del patio, una hoguera servía para calentar a los que se habían acercado hasta allí y para quemar los amuletos del año pasado.