Diario del año de la peste, de Daniel Defoe

Mas todo fue en vano; las audaces criaturas estaban tan poseídas de la primera alegría y tan sorprendidas por la satisfacción de observar que las cifras de las listas semanales habían bajado mucho, que eran incapaces de volver a sentir terrores nuevos, y solo querían creer en que la amargura de la muerte ya había pasado; […] abrían sus tiendas, callejeaban por todas partes, resolvían negocios, charlaban con quienquiera que se cruzase en su camino, […] sin importarles su estado de salud ni sentir recelo por cualquier peligro que pudieran representar, ni en el caso de que supiesen que estaban enfermos.

[…]

La consecuencia de ello fue que las listas volvieron a incrementarse.

Estas palabras pertenecen a la obra Diario del año de la peste (1722), escrita por Daniel Defoe, donde se describe los acontecimientos que se produjeron durante la propagación de esta enfermedad por todo el pueblo de Londres, entre los años 1664 y 1666.

Han pasado varios siglos pero la conducta humana no ha cambiado ni un ápice: los hombres del siglo XXI ante la pandemia del coronavirus actúan de igual modo que los hombres del siglo XVII ante la epidemia de la peste, de principio a fin.

En estos tiempos que corren, este libro debería ser leído por todo el mundo.

Domingo

Levantarse temprano un domingo es casi una hazaña, por lo menos así es como pensaba no hace mucho, pero al escuchar el canto lejano de las cigarras me dije «¡por fin!», y me levanté de la cama de un salto. ¡Cuánto las había echado de menos!

Esta exclamación puede sonar un poco extraña —las cigarras no gozan de buena reputación por el escándalo que forman con su sonido chirriante— pero estos bichitos me recordaban la llegada del verano, ¡del verdadero verano!, seco y caluroso, sin lluvias que parecen no tener fin…

El sol salió como una pelota roja por encima de las montañas, pero enseguida unas nubes rasgadas lo cubrieron y cuando volvió a aparecer ya era de color amarillo.

Mientras paseaba por las calles advertí que el silencio era más penetrante que otros días. No vi a ningún asalariado trajeado montado en su bicicleta y pedaleando como un poseso para no llegar tarde a la estación de tren. Ni tampoco a señoras que acercaban en coche a sus esposos hasta el mismo lugar. Hoy no era necesario correr ni apresurarse. La ciudad remoloneaba en su cama, tranquila y adormecida. Y solo algunos aventureros, como yo, veíamos el amanecer y cómo dormían los demás.

Bécquer desconocido

Bécquer desconocido es un documental de 2010 que merece ser difundido a los cuatro vientos.
¿Quién no conoce algún poema de Gustavo Adolfo Bécquer? ¿Quién no ha dicho «Poesía eres tú»? Sin embargo, sabemos poco del poeta, de su lado más humano, lejos del mito. En este documental (que ya fue emitido en TVE) descubriremos eso y más, nos hará sentir su poesía hasta el fondo del alma.
Escuchad y sentid.

Belleza

La belleza de la naturaleza siempre nos admira. ¿Pero qué es bello?
Cuando esta mariposa era una simple oruga, gruesa y verde, no la mirábamos con tanta simpatía, ni nos parecía hermosa. Era una enemiga.
Ahora es un ser angelical que vuela de flor en flor, regalándonos la vista con sus alas de colores.
Pero si miramos de cerca…

Mariposa Agehachō (Papilionidae)

Hoy no llueve

Esta mañana me desperté temprano, sorprendida por la luz que se colaba por la ventana del pasillo y entraba en mi dormitorio. Por fin había dejado de llover.
Me levanté con desgana. Los eternos días de lluvia me habían quitado la costumbre de madrugar.

En el cielo había nubes oscuras que amenazaban tormenta, así que cogí el paraguas y salí al exterior con mi mascarilla puesta (siempre con la mascarilla, ¡cómo no!). Pero, al sentir que corría una brisa fresca, y algo húmeda, muy placentera, no pude evitar quitármela para respirar profundamente.

En el parque, las copas de los árboles, mecidas por la brisa, sonaban con un murmullo sordo, como una nube de insectos revoloteando por todas partes. Después, seguí mi itinerario habitual por las calles silenciosas, entre arrozales de un verde exuberante. Podía escuchar el rumor del agua que corría impetuosa por el canal adyacente al camino y por debajo de las alcantarillas, agua nueva que las continuas lluvias habían traído, y entonces pensé en el río Muko y cambié de dirección, quería ver si su caudal había crecido mucho.

Por el camino me encontré con una señal de tráfico que me hizo sonreír: habían escrito en inglés Cultulal en lugar de Cultural —la r y la l son unas letras que traen de cabeza a los japoneses—.

Cuando llegué al río, seguí su cauce y crucé varios puentes, y contemplé sus oscuras aguas que brillaban bajo repentinos rayos de sol. Luego me perdí por callejuelas que no conocía, descubriendo nuevos rincones, viejos dioses y plantas exóticas.
Mañana vuelve a llover.

Triste Tanabata

Hoy es Tanabata, el festival de las estrellas, el día en que, por fin, después de una año, la princesa Orihime (Vega) y el pastor de vacas Hikoboshi (Altair) pueden cruzar la Vía láctea y encontrarse de nuevo.

Pero hoy llueve, llueve mucho desde hace varios días y en Kyūshū lo están pasando mal: inundaciones, corrimientos de tierra, víctimas mortales… no parece un día muy feliz.

Además el coronavirus ha impedido que se coloquen ramas de bambú en comercios y centros públicos y los niños no han colgado sus deseos escritos en los tanzaku, unas tiras de papel de muchos colores.

Este año quise que fuera diferente y, en lugar de adornar la habitación con mis ramas de bambú de plástico, como siempre había hecho hasta ahora, corté unas ramas en un bosquecillo cercano. Pero, tras varias horas, las hojas frescas de bambú se encogieron y se pusieron mustias, su imagen no invitaba a la celebración y a la alegría. De todos modos, he escrito mi deseo, o, mejor dicho, mis deseos (creo que solo se debe pedir uno) en las tiras de papel de alegres colores. Uno de esos deseos ya sabéis cuál es: que el coronavirus nos deje en paz.

Tengo la ventana abierta mientras escribo. Hace calor, todo está pegajoso y húmedo, y llueve, llueve, llueve…

Shingen bukuro y Kinchaku bukuro

Cuando Sakae Tsuboi llegó a la estación de Tokio, su futuro marido, el poeta Shigeji Tsuboi no estaba allí para recibirla. Después de esperar tres horas, cansada y muerta de frío, cogió su bolsa de mano que había colocado a sus pies y se fue hacia casa de su hermano. Esta bolsa de mano tenía un nombre en el capítulo que traduje de la biografía de Sakae Tsuboi: shingen bukuro (信玄袋), es decir, bolsa shingen. ¿Pero qué es una bolsa shingen?

Una bolsa shingen es una bolsa de tela que se anuda con una cuerda corrediza y que tiene una base plana y rectangular. Se puso de moda entre las mujeres a mediados de la era Meiji (1868-1912) para guardar pequeños artículos, y se usaba principalmente para viajar.

La bolsa de la foto recibe el nombre de kinchaku bukuro (巾着袋), o bolsa kinchaku, y sirve de bello accesorio a la hora de vestirse con un kimono o yukata. Hay de muchos estilos y colores, pero la kinchaku bukuro tradicional, básicamente, es una bolsa de tela con un cordón. Y es más pequeña que la bolsa shingen. Sin embargo, como veis, puede tener el mismo diseño que esta última (sin el asa, claro), con una base firme que impide que la bolsa se deforme por la parte de abajo.

Por último, comentaros que (aunque no está muy claro) se cree que la bolsa shingen se llama así por el señor feudal Takeda Shingen, cuyos soldados utilizaban una bolsa similar para llevar lo indispensable en sus desplazamientos.

Amabie

Hace unos días, al pasarme por el santuario Tenma, me encontré con esta imagen tan extraña: una especie de pescado con pico y pelo largo.

Se trata de Amabie, un monstruo mitológico, un yōkai, del período Edo que predecía el futuro y protegía a la gente de las epidemias.

Las redes sociales en Japón lo han rescatado del olvido, y del mar donde habita, para que sus poderes salven a la humanidad del coronavirus.

Hay que hacer un dibujo de Amabie y luego mostrarlo a los demás para proteger, de este modo, a tus seres queridos.
Yo, hasta ahora, simplemente tenía colocada en la estantería la lámina de Amabie que cogí del santuario, pero hoy lo he dibujado. Las últimas noticias dicen que está creciendo otra vez el número de infectados por el virus, y que hay una posibilidad de que vuelva a decretarse el estado de emergencia en Japón. Dios no lo quiera.