Tonari no Totoro

He visto muchas veces la película de dibujos animados Mi vecino Totoro del director Hayao Miyazaki. El viernes pasado, por la noche, tuve oportunidad de volver a verla en un programa de televisión. La primera vez fue a finales de los años noventa del pasado siglo, cuando aún Internet estaba en pañales y no sabíamos cuánto iba a cambiar nuestras vidas. Creo que fue en una cadena autonómica y la descubrí por casualidad. La historia —mezcla de fantasía y realidad— era un canto a la naturaleza y la inocencia de los niños, pero también un homenaje a las tradiciones y leyendas japonesas. Claro que en su momento no fui consciente de todo esto y no vi más allá de una historia entretenida y alegre.

Mi destino, la fortuna, o, simplemente, mi voluntad me llevaron hasta Japón y de nuevo nuestros caminos volvieron a cruzarse. Totoro era una estrella en el país del sol naciente. Todos lo querían. Todos compraban sus productos. Todos se sabían las canciones de su película… ¡Cómo no iba a ser yo también partícipe de esa totoromanía! Mi pequeño Totoro de peluche no tardó mucho en llegar a casa como regalo de navidad y, tiempo después, el DVD de la película.

Pero ¿qué tiene Mi vecino Totoro de especial? ¿Por qué gusta tanto?

Dicen que al principio la película no tuvo mucho éxito, que le costó arrancar, pero con el transcurrir de los años y con la ayuda de un maravilloso merchandising —por supuesto— se fue haciendo muy popular no solo en Japón, sino en todo el mundo. Hay quien incluso peregrina hasta Nagoya para visitar una réplica exacta de la casa de las niñas protagonistas…

En mi opinión toda esta popularidad se debió al simple deseo de disfrutar de una ilusión. Porque cuando vemos Tonari no Totoro —el título de la película en japonés— asistimos a la representación ideal del antiguo Japón, sin tecnologías ni máquinas que desluzcan el paisaje, sin guerras ni mezquindades. Ese Japón de los años cincuenta, recordado por el director de la película, es un pueblo honesto y trabajador, apegado a la tierra y a sus dioses sintoístas. Pero ante todo es un pueblo que intenta hacer frente a las adversidades con optimismo.

Debo confesar que cuando terminé de ver la película me sentí ridículamente feliz, otra vez. En el tiempo del coronavirus, ¿quién no quiere albergar unos sentimientos de esperanza y seguridad, aunque solo sea por unos instantes?

Mi vecino Totoro (Tonari no Totoro, となりのトトロ)

Autor: Matilda

Amante de los libros (¡los de papel!) y la naturaleza, buscadora de pequeños tesoros. Esa soy yo. Española en Japón.

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