Aceitunas

Estas aceitunas no están en España, y menos, en la cálida Andalucía. Estas aceitunas se encuentran en Japón y pertenecen a dos olivos que plantaron hace unos años en dos trozos de tierra cuadrados de una pequeña plazoleta, entre una peluquería y un centro para niños.

Casi siempre me detengo a contemplarlos, extrañada de verlos allí con el único propósito de adornar la calle, como si eso supusiera un menoscabo en la reputación de los olivos.

¿Qué pensarán estos olivos, si pudieran hacerlo? Tal vez no sepan que podrían haber nacido en otra tierra, de sol brillante y calor seco, alimentados con gotitas de agua, sin sufrir tifones ni duros inviernos. Un lugar donde sus frutos serían apreciados, recogidos y almacenados para producir un oro líquido, sustento de muchas familias. Ahí están sus aceitunas, casi solitarias, que nadie cosechará. Las acaricio y sigo mi camino.