Navidad 2020

Mis primeras navidades en Japón fueron también las primeras que pasé lejos de mi familia. Ese año no pude evitar derramar algunas lágrimas y sentirme muy extraña. Descubrí que en este país no existía ningún espíritu navideño —ni siquiera en televisión— y que la navidad, como en otras partes del mundo, solo era un puñado de guirnaldas y luces de colores engalanando tiendas y calles del centro de la ciudad. Estos adornos, inexplicablemente, duraban hasta el día veinticuatro de diciembre. El día de Navidad todo desaparecía —recuerdo el año en que mi vecino de enfrente emperifolló el jardín de su casa con racimos de luces brillantes y un papá noel muy gracioso que simulaba subir por una pared, cuando llegó el día 25, lo desmontó todo en un pispás—.

Sin embargo, el tan ansiado espíritu de la Navidad sí que existía en Japón, oculto en el interior de las iglesias. Pero ¿dónde podía encontrar una?, no te topabas con una iglesia dando un paseíto por las calles de la ciudad como ocurre en España, había que preguntar para conocer su ubicación. Y así, en esa búsqueda, llegué nada menos que a la iglesia de Nakayamate de Kobe. Mi sorpresa fue mayúscula al presentarme en el lugar: donde debía haber una iglesia solo hallé un gran solar en obras. Por desgracia había sido destruida en el gran terremoto de 1995.

Era ya de noche y hacía frío cuando entré en el recinto. Di una vuelta y miré todo aquello en silencio. Las sombras acrecentaban la desolación de aquel terreno casi vacío. Estaba decepcionada y un poco triste. El espíritu navideño estaba resultando ser bastante esquivo. Cerca de un pequeño edificio de una sola planta, que más bien parecía una habitación, habían montado un portal de belén hecho con ramas de pino. La Virgen y san José velaban al niño Jesús, rodeados por los Reyes Magos y los pastores. Me coloqué al lado del portal y me hicieron una foto. Esa foto la tengo ahora frente a mí. Una joven vestida con un abrigo negro y una bufanda blanca mira a la cámara con semblante serio.

Poco tiempo después alguien me dijo que no era necesario ir tan lejos en pos de un espíritu que tenía más cerca de lo que imaginaba.

Han transcurrido muchos años. Y hoy también es Navidad.

Esta mañana, como de costumbre, me levanté muy temprano para dar mi paseo matutino. Sin embargo, hoy no hice la ruta de siempre, me dirigí a la única iglesia católica que hay en mi ciudad. Sabía que sus puertas estarían cerradas y que no podría entrar, pero eso no me importaba, mi propósito era contemplar el pequeño nacimiento que todos los años colocaban junto a la entrada. Observé las figuras depositadas sobre un lecho de paja: los padres, arrodillados en el suelo, miraban a su bebé que dormía en la cuna. Esas figuras toscas y un poco deterioradas simbolizaban el espíritu navideño que yo echaba de menos.

Feliz Navidad.

Autor: Matilda

Amante de los libros (¡los de papel!) y la naturaleza, buscadora de pequeños tesoros. Esa soy yo. Española en Japón.

2 comentarios en “Navidad 2020”

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