Tradiciones

Es curioso que tengamos que poner límites al tiempo para que la vida sea más llevadera. Cuando terminen de sonar las doce campanadas de la noche del día treinta y uno de diciembre, creeremos que empieza una nueva etapa y que el siguiente amanecer será totalmente diferente del anterior, que los rayos de sol iluminarán con más intensidad, que lo que antes era negro ahora será blanco e incluso que de nuestro interior nacerá otro yo renovado… y tan solo porque nosotros lo hemos decidido así.

Esa ilusión por un nuevo año, que siempre promete ser mejor que el presente, me ha llevado hoy al supermercado para hacer una última compra. El fuerte y gélido viento, que ha soplado desde el mediodía, no invitaba a salir a la calle, pero había olvidado comprar algo muy importante para entrar con buen pie en el 2021: ¡las uvas!

Las que vendían en la tienda procedían de Estados Unidos y eran bastante gordas, pero no había otras. Tendría que cortarlas por la mitad para no morir atragantada en la cuenta final. Con mis uvas en la bolsa, regresé a casa de buen humor y un poquito más tranquila —porque una no puede deshacerse fácilmente de una superstición que viene de la infancia—.

Esta noche y mañana nevará en gran parte del país. Que vuelva la nieve y el frío me parece un buen augurio, aunque es probable que no todos piensen igual. Pero para mí tiene un carácter simbólico: si la naturaleza sigue su rutina, todo irá bien .

Autor: Matilda

Amante de los libros (¡los de papel!) y la naturaleza, buscadora de pequeños tesoros. Esa soy yo. Española en Japón.

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