Ugüisu

La primavera se llena de melodías después de un casi silencioso invierno.

Cada día escucho con claridad el canto de mis aves vecinas que me dan los buenos días con sus alegres gorjeos. En el bosque, oculto entre la maleza, el kojukei repite “chotto koi chotto koi”; en los cables del tendido eléctrico, tan lejos que no puedo apreciar su banda negra y blanca en la cabeza, un solitario hōjiro emite un piar agudo; y el ugüisu, con voz cristalina, silba durante todo el día su “hoo hokekyo”.

En mis caminatas matutinas por las calles solitarias de la ciudad, los pajarillos, bulliciosos y confiados, cantan muy cerca de mí, sin temor alguno, como este ugüisu, que no salió huyendo al verme sacar el móvil. Porque al alba, la vida es ilusión y alborozo.