Lluvia de agosto

Llueve a mares en esta mañana de agosto. Con rayos y truenos. Y me pregunto qué clase de verano es este si no hay sol. Hasta las cigarras se han quedado mudas bajo las lluvias torrenciales que han caído durante estos días. Este verano es aún más triste que el del año pasado. Lo único que ha permanecido, muy a mi pesar, es la humedad, que deja todas las superficies con un tacto pegajoso.

Pero antes de que los cielos se abrieran ruidosamente fui capaz de dar un pequeño paseo por la ciudad, que ya comenzaba a despertarse. En el parque nadie transitaba por la pista mojada que rodea al campo de béisbol, pero algunas personas se habían refugiado bajo el tejadillo de una zona de descanso y hacían sus ejercicios matutinos siguiendo las instrucciones de la radio. Otros se había atrevido a jugar al tenis y corrían felices tras la pelota, con la esperanza de que el tiempo les diera una tregua. Y así fue, durante una hora. Después unas pequeñas gotas y unos truenos lejanos anunciaron que nuestro tiempo de diversión llegaba a su final.

Volvimos a refugiarnos en nuestras casas para contemplar tras los cristales a una lluvia enfurecida que se resiste a abandonarnos.

Autor: Matilda

Amante de los libros (¡los de papel!) y la naturaleza, buscadora de pequeños tesoros. Esa soy yo. Española en Japón.

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