La princesa

Ella está sentada sobre un tiesto y sus pies pisan una alfombra de hojas secas y pequeños tallos verdes. Viste como una princesa de cuento, pero alguien pintó toscamente sus ropajes con colores chillones y aguados, y tiene el aspecto de una cenicienta kitsch que acaba de sentarse para descansar. Algo la aflige. Mira sin ver, totalmente perdida en sus pensamientos, con una mano en el pecho y la otra sujetando fuertemente la falda de su vestido. No parece darse cuenta de que la primavera ha entrado de puntillas y le ha regalado un ramillete de narcisos que hace juego con su atuendo. En cualquier momento algo romperá el hechizo que la tiene congelada, parpadeará y será consciente de dónde se encuentra. ¿Qué hará cuando note mi presencia, mis ojos clavados en su figura? Durante unos segundos no será capaz de moverse por la sorpresa y luego correrá buscando un refugio, tal vez detrás de aquel enanito rojo que sonríe afablemente. Pero no quiero asustarla ni que huya de mí. Quiero tomar sus manos entre las mías y preguntarle la razón de su pesar, y, si nos hacemos amigas, poder pintar de nuevo su ropa con colores hermosos y elegantes, quitarle ese ridículo lazo rojo de su cabello y arreglar sus castaños tirabuzones. Todo eso haría por ella. Sin embargo, en modo alguno alteraría el azul cielo de sus ojos que muestran su alma.

Ella permanece inmutable, pero ahora veo que frunce el ceño y que hay más tristeza en la profundidad de sus ojos. ¿Seré yo la culpable de este cambio? ¿Habré perturbado su apacible dolor?

Comunicación

Espero pacientemente a que llegue mi turno para pagar la compra. Miro a la derecha, hay varias filas de señoras delante de las cajas registradoras. Miro a la izquierda, otras tantas filas de mujeres, casi todas mayores. Ninguna habla, ninguna dice nada. Todas esperamos en silencio. Y de repente siento nostalgia. En mi añorada y ruidosa España, todo el mundo habla en voz alta. Mujeres que levantan la voz como si declamaran ante el público de un teatro. Mujeres que se ríen y preguntan por la familia. Mujeres que no conoces, pero que charlan contigo como si fueran tus amigas. Escucho sus voces en mi mente, en mis recuerdos y me embarga un sentimiento de tristeza.

La mujer que está delante de mí termina de pagar y coloca su cesta en la mesa que hay enfrente. Es mi turno. La cajera me saluda amablemente con un “konnichiwa”. Yo le respondo con una leve inclinación de cabeza y enseguida saco mi tarjeta de puntos. Contemplo cómo va acomodando mi compra en otra cesta de plástico, sin prisas pero eficientemente. Las bandejas de carne y pescado abajo, las bolsas de patatas fritas y sembei, arriba. Todo es sosiego en el supermercado, donde la gente susurra para no molestar.

Paseo por los recuerdos, de Francisco Molina Ávila

Paseo por los recuerdos es una obra sencilla y sin pretensiones, una especie de legado familiar para las generaciones futuras. Sin embargo, a través de sus relatos podemos adentrarnos en la España rural de los años cincuenta, después de la guerra civil, y descubrir una historia que no se escribe en los libros: la de la gente humilde.

El libro está dividido en dos partes:

La primera relata las vivencias del autor, desde su infancia hasta su adolescencia.

En la segunda, conoceremos los avatares de su familia recorriendo diferentes acontecimientos históricos de España.

Título: Paseo por los recuerdos. Salineros del Granadillo

Autor: Francisco Molina Ávila

Editor: autopublicado en Amazon

Lo podéis encontrar aquí.

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