Padre

Hace calor y tengo abiertas las ventanas para dejar entrar la brisa que sopla desde esta mañana, pero también ha entrado la humedad y se ha metido por todos los rincones de la casa. Otro domingo tranquilo. Nadie pasa por la calle (tampoco el resto de la semana). Para ver a otras personas hay que acercarse a algún centro comercial donde todos se afanan por comprar cosas que realmente no necesitan. Allí hay bullicio, gente que se ríe y padres aburridos que acompañan a sus esposas. Hoy es el día de estos últimos, de los pobres y sufridos padres, que dedican su día de descanso a la familia. La mayoría de ellos se levanta muy temprano, cuando la mañana aún es oscura, y soñolientos se dirigen a su trabajo subidos en un tren o conduciendo su propio coche. La hora de la vuelta a casa es incierta. Por lo general regresan cuando sus retoños ya están en la cama soñando con grandes aventuras. Por eso el padre, con el paso del tiempo, acaba convirtiéndose en una figura ajena y distante para ellos. Los hijos crecen y traspasan el umbral de la adultez, y salen del hogar paterno en pos de su futuro sin sentir un gran dolor por la separación. Transcurre un año, dos, tres o más y el hijo, que apenas vio a su padre de niño, no se digna a hacerle una visita aunque viva a menos de una hora. Tiene cosas mejores que hacer, trabaja mucho durante el día y llega a casa agotado. Tal vez se acuerde hoy de su viejo y lo llame por teléfono si se fija en los carteles de las tiendas con la fecha de tan señalado día: Chichi no Hi, Día del Padre.

«Entonces, tus hijos cuando ven a tu marido le preguntan: ¿Tú quién eres?», le dije a mi amiga hace muchos años, bromeando. Me reí en su momento. Me resultaba inconcebible que un padre no quisiera pasar el domingo con sus hijos y que prefiriera irse a jugar al golf con sus clientes. Era un hombre que vivía para su trabajo, como muchos otros. Las nuevas generaciones quieren cambiar esto, pero es difícil. El trabajo siempre estará antes que la familia.

Padres llenos de obligaciones. Padres cansados que juegan al pachinko para no pensar en nada. Padres que se quedan solos cuando las esposas se divorcian y contraen matrimonio con otro hombre. Padres que salen a correr con sus hijos antes del trabajo. Padres estafados por el «ore ore». Padres imperfectos. Padres que envejecen. Padres necesitados de amor…

Te has ido

Te has ido y solo me has dejado una maleta de recuerdos.

Te has ido con tus ojos claros y chispeantes.

Te has ido con tu impaciencia y tus fantasías.

Música soul de los 70 en una mañana de nubarrones de tristeza.

La olla exprés suelta vapores de cocido sobre la brisa fresca y húmeda que entra por la ventana.

Te has ido, te has ido. Es mi letanía.

Lo digo en mi mente.

Lo escribo en el papel.

Lo leo en la pantalla del ordenador.

Y al cerrar los ojos veo aquella mañana de verano.

En el patio, la pila se llena de agua. Tú eres feliz. La cinta cassette que gira es tu nueva ilusión.

Yo te miro y escucho esa música nueva que ahora es antigua. Sonríes pero estás lejos de mí.

Anhelando algo que no puedes alcanzar. En busca de un destino esquivo.

Abrazo este recuerdo que viene hoy hacia mí y lo aprieto en mi pecho, con lágrimas.

Sonríes. La música da vueltas y vueltas…

Te has ido.

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