Diario del año de la peste, de Daniel Defoe

Mas todo fue en vano; las audaces criaturas estaban tan poseídas de la primera alegría y tan sorprendidas por la satisfacción de observar que las cifras de las listas semanales habían bajado mucho, que eran incapaces de volver a sentir terrores nuevos, y solo querían creer en que la amargura de la muerte ya había pasado; […] abrían sus tiendas, callejeaban por todas partes, resolvían negocios, charlaban con quienquiera que se cruzase en su camino, […] sin importarles su estado de salud ni sentir recelo por cualquier peligro que pudieran representar, ni en el caso de que supiesen que estaban enfermos.

[…]

La consecuencia de ello fue que las listas volvieron a incrementarse.

Estas palabras pertenecen a la obra Diario del año de la peste (1722), escrita por Daniel Defoe, donde se describe los acontecimientos que se produjeron durante la propagación de esta enfermedad por todo el pueblo de Londres, entre los años 1664 y 1666.

Han pasado varios siglos pero la conducta humana no ha cambiado ni un ápice: los hombres del siglo XXI ante la pandemia del coronavirus actúan de igual modo que los hombres del siglo XVII ante la epidemia de la peste, de principio a fin.

En estos tiempos que corren, este libro debería ser leído por todo el mundo.

La biblioteca en llamas, de Susan Orlean

La biblioteca en llamas, de Susan Orlean

La Biblioteca Pública de Los Ángeles sufre un gran incendio en 1986, pero los periódicos apenas se hacen eco de la noticia porque ese día toda la atención se vuelca en el accidente nuclear de Chernóbil, en la Unión Soviética. ¿Por qué ardió la biblioteca? ¿El incendio fue accidental o intencionado? se pregunta la autora, cuestiones estas que la llevarán a iniciar una investigación sobre lo ocurrido. Pero este libro no trata solo de eso. A través de sus páginas podremos conocer la evolución de las bibliotecas a lo largo de la historia, su papel en la sociedad y, lo más importante, sus primeros pasos encaminados hacia el futuro.

El estilo narrativo de la obra es el característico del periodismo estadounidense, es decir, la autora presenta unos hechos reales de manera novelada para acercar la historia al lector, y describe a las personas que entrevista con algún rasgo físico o alguna faceta de su personalidad (aunque si no siente mucha simpatía por algún entrevistado prefiere transcribir sus propias palabras para que sean estas las que lo definan). Además le encanta dar una gran cantidad de números y cifras para constatar la importancia de lo que relata, y suele impregnar sus palabras de tintes dramáticos.

El enfoque subjetivo de la autora también se ve reflejado en el capítulo que dedica a los libros que se quemaron en diferentes épocas de la historia por razones ideológicas. Por ejemplo, destina varias páginas a la quema de libros realizada por los nazis, haciendo hincapié en el hecho de que casi todas las obras pertenecían a autores judíos, pero luego pasa de puntillas por la destrucción de libros en su propio país, y olvida mencionar la ley Comstock (1873), que prohibía enviar por correo escritos y artículos “inmorales”, permitiendo, de esta manera, la destrucción de toneladas de libros que no pasaban la censura. El autor alemán Werner Full en su obra Breve historia de los libros prohibidos (2012) escribe sobre este episodio de la historia de Estados Unidos:

«Fue así como se llegó a una situación absurda: la quema de libros de los nacionalsocialistas provocaban repugnancia y horror en Estados Unidos, mientras el correo de ese país quemaba con todas las de la ley y sin protestas, aunque por otros motivos, los mismos libros de Hemingway y John Dos Pasos que ardieron en Alemania».

Asimismo, la señora Orlean parece olvidarse del senador McCarthy, que en los años cincuenta del pasado siglo ordenó quemar todos los libros procomunistas que había en las bibliotecas de las Casas de América, en Europa. Uno de esos libros fue La montaña mágica de Thomas Mann, que ya quemaron los nazis.

No, Susan Orlean no recuerda nada de esto (o será que no ha investigado lo suficiente). Solo nos cuenta la historia de una tal Mabel Riddle que en los años cuarenta impulsó la quema de cómics que tenían que ver con el sexo, con la ayuda de unas monjas ávidas por prender las primeras cerillas…

Título: La biblioteca en llamas (2018)

Autor: Susan Orlean

Editorial: Planeta

El obispo leproso, de Gabriel Miró

El obispo leproso, de Gabriel Miró

La acción de El obispo leproso (1926) tiene lugar en Oleza, trasunto de Orihuela (Alicante), en el último cuarto del siglo XIX, período que comprende el reinado de Alfonso XII y la regencia de María Cristina.

Es Oleza una pequeña ciudad provinciana repleta de conventos e iglesias, comandada por dos fuerzas que se enfrentan: el colegio de jesuitas y el palacio episcopal.

Aunque la Restauración trae consigo nuevos aires a España, la sociedad olecense vive dominada por una religión carente de espiritualidad que alienta un fanatismo exacerbado hacia la veneración de los santos y los actos de culto (novenas, procesiones, etc.), que ahoga y reprime cualquier atisbo de sexualidad, incluso en el matrimonio. Los tradicionalistas, un grupo que se opone a cualquier proyecto renovador de la ciudad, como la construcción del ferrocarril, son los guardianes de esta religiosidad convencional, siempre al servicio de los eclesiásticos más intolerantes.

El estilo narrativo de Gabriel Miró no es fácil, requiere esfuerzo y concentración. El autor hace uso de un léxico muy exhaustivo y rico que pone nombre a actos y objetos desconocidos para la mayoría de la gente. En la edición de Manuel Ruiz-Funes hay un glosario al final del libro, pero consultarlo frecuentemente suponía interrumpir la lectura, y acabé por ignorarlo. Soy consciente de que esta obra necesita ser leída de una manera más pausada y concienzuda.

El obispo leproso es la continuación de otra novela: Nuestro Padre San Daniel. Su lectura no es obligatoria, pero ayuda a comprender la situación de los personajes y sus circunstancias personales, y, sobre todo, evita sentirse perdido (como me ocurrió a mí) en los primeros capítulos de la novela.

Azorín y otros escritores propusieron a Gabriel Miró como académico de la Real Academia, pero se dice que la publicación de El obispo leproso, de naturaleza anticlerical, le cerró las puertas.

En 1990, se emitió en Televisión Española una serie de seis capítulos basada en El obispo leproso. La podéis ver en Youtube.

Título: El obispo leproso

Autor: Gabriel Miró

Editorial: Cátedra

La mujer en la ventana, de A.J. Finn

Dicen que para gustos los colores. Este libro no me ha gustado.

Pensé que iba a leer una interesante obra de misterio y ha resultado ser una gran decepción.

Esta novela es el guion de un película que has visto muchas veces en televisión o en el cine, ya sabes, esa película en la que la protagonista ve algo horrible, pero la policía ni sus amigos la creen; esa película en la que luego el malo (o mala) acaba despatarrado en el suelo, bastante muerto, cerca de la protagonista, pero, ¡ahora sí!, la policía solo con echar un vistazo sabe que ella es la buena sin lugar a dudas; en fin, esa película que concluye con un día luminoso porque ya no llueve, ni es de noche, ni hace mal tiempo y ya no da miedo… Seguro que te suena, ¿verdad?

En mayo estrenan la película, por si quieres verla otra vez…

Título: La mujer en la ventana

Autor: A.J. Finn

Editorial: Grijalbo

La voluntad, de José Martínez Ruiz “Azorín”

En mi época escolar aprendí que Azorín fue el autor que puso nombre a una generación de escritores, la del 98, a la que él también perteneció. Leímos a Unamuno, a Baroja, a Valle Inclán, a Machado… pero no a Azorín. Con el paso del tiempo, sentí que tenía una deuda con este escritor y me puse manos a la obra, a “su obra”.

La voluntad (1902) es una novela que no fue muy bien recibida por la crítica de la época. Algunos ridiculizaron su innovadora forma de narrar: ¿una novela sin trama argumental, sin fabulación, donde no ocurre absolutamente nada?

Así es. En esta obra hay un personaje principal, Antonio Azorín, pero su historia es simple: Azorín reside en Yecla, después trabaja como periodista en Madrid, y luego vuelve a su pueblo y se casa. No hay mucho más. Porque esta es una novela de ideas. Ideas que han transcendido en el tiempo y que siguen siendo actuales.

El autor nos habla de un pueblo, Yecla. Un pueblo que acomete grandes proyectos con energía para luego abandonarlos; un pueblo que se enriquece gracias a una coyuntura económica, y después se hunde en la miseria porque no hace planes de futuro; un pueblo que se queda sin voluntad y se sumerge en la abulia y el hastío, para dejarse dominar por otros… Me pregunto: ¿no está hablando de España?

Por último, quería resaltar una idea que me ha parecido muy interesante. Azorín lamenta el rumbo que estaba tomando el periodismo de su época, cada vez menos especializado, y dice así: «Dentro de treinta años todos seremos periodistas, es decir, nadie sabrá nada de nada. Nos limitaremos a sospechar las cosas, lo cual tiene la ventaja de que ahorra tiempo y no entristece el espíritu con la melancolía de las lecturas largas». Si Azorín levantara la cabeza, ¿qué pensaría de nuestras redes sociales?

Título: La voluntad

Autor: José Martínez Ruiz “Azorín”

Editorial: Cátedra

Leer en japonés

Hace una semana me compré este libro: Konbini ningen (titulado en España La dependienta), de Sayaka Murata. Pensé que antes de leerlo en español podría intentar hacerlo en japonés. No es muy extenso, solo tiene 169 páginas. Sin embargo, querer y poder no van siempre de la mano. Todavía soy incapaz de leer con fluidez los numerosos kanjis que pueblan este idioma, y no avanzo todo lo rápido que me gustaría. Pero no hay que rendirse… ¡Ganbarimasu!

Amistad, de Saneatsu Mushanokōji

Un triángulo amoroso es el eje argumental de esta novela que se publicó por primera vez en 1919.

Para entender esta obra hay que conocer su contexto histórico. La primera guerra mundial acababa de finalizar, y Japón, con el fin de continuar con su proceso de modernización, impulsaba la salida a Occidente de científicos y artistas. Este deseo patriótico de superación recorre la novela de principio a fin y se ve reflejada en la idea de sacrificio de los personajes principales, Nojima y Omiya, que antepondrán su amistad sobre su propia felicidad.

La novela tiene una fácil lectura, pero parece algo encorsetada, sobre todo en los diálogos, cuando se habla de moral y política. Sin embargo, la parte epistolar resulta más fresca y natural, y ayuda a entender mejor la personalidad de los tres protagonistas.

Su autor es Saneatsu Mushanokōji (1885-1976), novelista, dramaturgo y filósofo.

Estudió literatura inglesa en la universidad de Tokio y recibió clases de Natsume Soseki, pero abandonó la carrera poco después para comenzar sociología. Desde muy joven, su escritor de cabecera fue León Tolstoi, y, siguiendo su filosofía humanista, participó en la creación de una sociedad utópica en la provincia de Miyazaki, en 1918.

Título: Amistad (Yūjō)

Autor: Saneatsu Mushanokōji

Traducción: Elena Gallego Andrada y Fernando Rodríguez-Izquierdo

Editorial: Luna Books

Indigno de ser humano, de Osamu Dazai

Aunque Osamu Dazai es un escritor respetado en Japón, no es del gusto de muchos por su turbulenta vida bañada en alcohol (y alguna que otra droga) y sus obsesivas ideas sobre el suicidio y la muerte.

Dazai nació en Kanagi (prefectura de Aomori), en 1909. Su verdadero nombre fue Shuji Tsushima y fue el décimo hijo de una familia noble acomodada que dejó su crianza a cargo de una tía y los criados de la casa; algunos creen que la falta de cariño de sus padres fue la causa de todos sus problemas mentales que, finalmente, lo condujeron al suicidio (en el quinto intento) junto a su amante.

Descubrí a este autor hace unos meses en la biblioteca de mi ciudad que no tiene muchos libros en español, pero encontré algunas obras interesantes, como Shayō (El ocaso), de Osamu Dazai. Había sido traducida al español por Montse Watkins, pionera en la traducción de literatura japonesa, y su lectura me causó una fuerte impresión. Esto me animó a leer su siguiente novela, Indigno de ser humano (Ningen shikkaku), que publicó en 1948, un año antes de su muerte.

La novela es de corte autobiográfico y es difícil saber qué es verdad y qué, ficción. Relata la vida de un artista que, bajo una apariencia extrovertida y bromista, esconde un profundo miedo: que todos descubran que es diferente al resto del mundo. Esas angustias personales lo llevan a refugiarse en el alcohol y a tener una actitud de desidia y hastío ante la vida.

El lenguaje que utiliza Dazai es sencillo y cercano, pero sorprende la facilidad con que puede transmitir emociones como el desarraigo, la soledad, la incomunicación, la aparente indiferencia hacia todo lo que le rodea… Es un autor que fascina y horroriza a partes iguales.

Título: Indigno de ser humano (Ningen shikkaku)

Autor: Osamu Dazai

Traducción: Montse Watkins

Editorial: Luna Books

Nota: en septiembre de este año se estrenó una película sobre Osamu Dazai con el mismo título de su novela. No la he visto, así que no puedo opinar sobre ella. Os dejo el tráiler por si queréis echarle un vistazo.

¿Quién mató a don Quijote?

¿Quién mató a don Quijote? o, mejor dicho, ¿quiénes mataron a don Quijote? es la pregunta que me he hecho esta mañana al levantarme. Sé muy bien que no se cometió ningún crimen y que nadie hirió de gravedad a nuestro caballero andante, pero no hubo necesidad.

Todo empezó con la lectura de novelas de caballerías. Un hidalgo en una aldea perdida de la Mancha estaba aburrido porque, aparte de salir con el caballo y matar algunos conejos, o llevar las cuentas de la casa, no tenía mucho que hacer, y como era noble no podía ponerse a sacar patatas, arar la tierra o cuidar de los animales (ocupaciones estas tan divertidas que solo podían realizar los campesinos). Tampoco tenía con quien conversar porque en su pueblo no abundaban personas con estudios, tan solo el cura, con el que había que tener cuidado con lo que se decía («Con la Iglesia hemos topado, Sancho») y su acólito el barbero, que cualquiera sabía lo que pensaba de verdad. Así que nuestro pobre hidalgo, que ya no era joven ni tenía nada que aprender, empezó a evadirse con la lectura de novelas de caballerías que lo transportaban a mundos maravillosos de reyes magnánimos, princesas desvalidas, ogros desalmados y encantadores aguafiestas. Y como en invierno no apetece salir de casa y las noches son más largas, sus horas de lectura aumentaron hasta que acabó volviéndose loco. No me extraña, en esas oscuras y silenciosas noches, el sonido de las palabras en su cabeza debía ser abrumador. Cuando llegó el verano estaba completamente majareta.

Ya sabemos lo que ocurrió después: se fue a buscar aventuras y dejó de aburrirse.

Pero la familia y los amigos siempre miran por nuestro bien. Y a don Quijote lo miraban mucho su sobrina, el ama (que era una mandona), el cura y el barbero, que hicieron todo lo posible por volver cuerdo a Alonso Quijano (que así se llamaba en realidad nuestro hidalgo). En la primera parte de la novela lo convencieron de que estaba encantado para llevarlo al pueblo en una jaula. En la segunda, lo humillaron. Enfermo y triste, después de echarse una buena siesta, decidió que ya no quería continuar estando loco. ¿Para qué? No había ninguna razón, sus días llenas de aventuras y diversión habían terminado. Su familia y amigos habían conseguido su propósito: don Quijote había recuperado el juicio. Pero también le quitaron la ilusión de vivir, es decir, lo mataron.

Siempre había pensado que el amor era beneficioso, pero a don Quijote no le hizo ningún bien. Tal vez porque, antes que el amor, lo más importante es la comprensión. Y a don Quijote el único que lo comprendió de verdad fue Sancho. Sancho, el analfabeto, que sabía que la locura de don Quijote era una buena excusa para querer seguir viviendo.

Nota: La expresión “con la Iglesia hemos topado, Sancho” es un invento. Don Quijote lo que realmente dice es: «Con la iglesia hemos dado, Sancho». Lo podéis leer en el capítulo IX de la segunda parte.

La biblioteca de los libros rechazados, de David Foenkinos

En un pueblo francés, una biblioteca guarda los libros que las editoriales nunca quisieron publicar. Entre estos libros rechazados, una pareja de novios encuentra una emotiva obra que acaba convirtiéndose en una de las más vendidas en Francia. ¿Pero es cierto que un pizzero es el verdadero autor? Así arranca el misterio de esta novela.

Comencé a leer La biblioteca de los libros rechazados (en francés: Le Mystère Henry Pick) justo después de acabar El Comendador Mendoza, de Juan Valera, una obra decimonónica con un estilo de redacción muy diferente. Así que, cuando inicié su lectura, tuve la sensación de estar leyendo una tira cómica, y me costó sumergirme en un relato que saltaba de un personaje a otro sin darte tiempo a recordar sus nombres. Luego, me dejé llevar por la trama y ya solo me preocupó saber cómo iba a resolverse el misterio.

La obra es una crítica al marketing del mundillo de los libros y nos plantea hasta qué punto los lectores somos dirigidos por las editoriales y los críticos en nuestros gustos con el fin de que, ante una marabunta de libros publicados cada año, adquiramos una obra en lugar de otra. Y es que, en estos tiempos que corren, destacar y estar en boca de todos está por encima del valor literario de lo que se publica .

Foenkinos escribe con desenfado y humor, y presenta a los personajes, de esta novela coral, como meras caricaturas que nos hacen reír y pensar al mismo tiempo.

Es cierto que la intriga acaba por atraparte (la última parte del libro la devoré en un momento), pero hubo ocasiones en las que llegué a sentir algo de aburrimiento, o más bien cansancio, ante una historia que parecía no avanzar. Y…, bueno, no voy a desvelar el final, pero, como suele ocurrir con las novelas de misterio, el escritor nos toma un poquito el pelo…

Admito que no conocía nada de la obra de este autor, David Foenkinos, galardonado con un Goncourt y varios premios, es decir, iba sin ninguna idea preconcebida, pero guiada por las buenas críticas que había leído. Es posible que esta ignorancia sobre el estilo de Foenkinos y mis grandes expectativas hayan sido las causantes de cierta desilusión final. Tal vez esperaba algo más profundo, o distinto.

En fin, si queréis pasar un buen rato y olvidaros del frenesí o del tedio de la vida diaria, esta novela es una buena opción.

Título: La biblioteca de los libros rechazados

Autor: David Foenkinos

El Comendador Mendoza, de Juan Valera

Don Fadrique, después de hacer fortuna como marino mercante y de sufrir un desengaño con las ideas de la revolución francesa, al cumplir los cincuenta años decide volver al pueblo que lo vio nacer para llevar una vida relajada cerca de su familia y amigos. Pero pronto esta paz se ve truncada por la aparición de una dama. Subsanar un daño causado en el pasado se convertirá en su obsesión.

La historia de la novela se desarrolla en los últimos años del siglo XVIII, pero este contexto histórico más bien sirve de excusa para resaltar las cualidades y el modo de pensar de los personajes. Es El Comendador Mendoza un libro sobre el pecado, la expiación y el fanatismo religioso. La religión y cómo esta es sentida y vivida por los personajes es, en mi opinión, el tema principal, porque ante un problema de conciencia cada uno de ellos actuará de manera diferente: con fanatismo, con indulgencia, con realismo…

Aunque este problema de conciencia parece ahogar a todos bajo la sombra de la religión, Valera no puede evitar hacer un guiño y reírse un poco de todo este asunto cuando describe la falta de escrúpulos de otros personajes que se verán en la misma situación.

El ritmo de la historia es lento y pausado, sin estridencias, como una tarde cálida de primavera en un patio andaluz. Pero cuando nos vamos acercando al final, el relato se precipita hacia un desenlace que se intuye y se espera, es decir, feliz y satisfactorio.

Juan Valera escribe con sencillez pero su lenguaje está plagado de vocablos cultos, muchos ya en desuso, que pueden producir rechazo en los lectores de ahora, junto con expresiones cotidianas del habla de su tierra natal, Córdoba. Algo que me ha llamado la atención en su escritura es su fuerte tendencia al leísmo, sobre todo al principio de la novela.

Y, por último, quiero hablar de algo que a mí, personalmente, me ha chocado y repelido a la vez, y es sobre cómo se toma con ligereza la relación amorosa entre un tío y su sobrina carnal. Tal vez en los siglos XVIII y XIX se aceptara este tipo de uniones con más naturalidad, pero creo que en la actualidad algo así no se vería con buenos ojos.

Título: El Comendador Mendoza

Autor: Juan Valera

El ejemplar que he leído es de Ediciones Libanó y pertenece a la colección Clásicos Andaluces.