Rezos

Esta mañana, al entrar en el santuario, vi a una mujer realizando algo que solo había visto en las películas japonesas de suspense que emiten en televisión por la tarde. Iba en línea recta desde las puertas del santuario hasta los pies del altar mayor, y luego volvía otra vez por el mismo camino y rodeaba un pequeño pilar de piedra que había en la entrada para, acto seguido, recorrer otra vez el mismo trayecto. Cuando llegaba a las escaleras del altar, se detenía y anotaba algo en un papelito que tenía en la mano. Enseguida supe de qué se trataba: estaba haciéndole una súplica al dios del santuario. Este ritual se conoce con el nombre de Ohyakudo 御百度, que significa cien vueltas, porque ese es el número de vueltas que hay que dar para que el favor sea otorgado. Por lo general se hace en la intimidad y sin decírselo a nadie.

Miré mi reloj, todavía no eran las siete de la mañana, ¿cuánto tiempo llevaría allí aquella señora delgada y vestida de negro, que escribía en un papelito para llevar el conteo de sus idas y vueltas? Ojalá pueda ver cumplido su deseo.

Ohyakudo ishi