Tsuyu

Hace unos días comenzó oficialmente la temporada de lluvias en Japón. Se la conoce con el nombre de tsuyu, 梅雨, una palabra formada por dos ideogramas que significan ciruela y lluvia, respectivamente, que hace referencia a la maduración de las ciruelas por esta época.

Los días lluviosos se suceden uno tras otro hasta mediados de julio o más tarde, con algún que otro día de sol que aprovechas para abrir ventanas, airear la casa y tender la ropa fuera. La humedad del ambiente, que puede subir hasta el 80%, forma una película pegajosa sobre todas las cosas: las paredes, los suelos, la ropa, la piel… muy desagradable. El moho hace su aparición y hay que tener mucho cuidado con la comida porque se corrompe con facilidad.

A pesar de que las temperaturas no son muy altas, la humedad intensifica el calor (sobre todo si después, de repente, brilla el sol unas horas) y sientes que no tienes fuerzas para hacer nada.

Si paseas por el parque o el jardín, unos amiguitos que no veias hacía un año se acercan a ti para chuparte la sangre y se meten en tu casa sin ser invitados. Los mosquitos de Japón pueden ser muy persistentes y saben esperar. Una vez que han llenado sus barrigas se van volando lenta y pesadamente, buscando la salida para poner sus huevos. Y tú los miras con resentimiento deseándoles lo peor mientras te frotas las picaduras.

Esto es el tsuyu.

Sin embargo, el tsuyu tiene otra cara.
Miro por la ventana cómo cae la lluvia sobre el bosque, las plantas, los bichitos, y me doy cuenta de que el tsuyu es la fuerza que necesita la naturaleza para seguir adelante y llenarse de energía, y eso, de algún modo, me ayuda a soportar estos días mohosos y húmedos. Pero… ¡cuánto añoro el clima seco!