Amabie

Hace unos días, al pasarme por el santuario Tenma, me encontré con esta imagen tan extraña: una especie de pescado con pico y pelo largo.

Se trata de Amabie, un monstruo mitológico, un yōkai, del período Edo que predecía el futuro y protegía a la gente de las epidemias.

Las redes sociales en Japón lo han rescatado del olvido, y del mar donde habita, para que sus poderes salven a la humanidad del coronavirus.

Hay que hacer un dibujo de Amabie y luego mostrarlo a los demás para proteger, de este modo, a tus seres queridos.
Yo, hasta ahora, simplemente tenía colocada en la estantería la lámina de Amabie que cogí del santuario, pero hoy lo he dibujado. Las últimas noticias dicen que está creciendo otra vez el número de infectados por el virus, y que hay una posibilidad de que vuelva a decretarse el estado de emergencia en Japón. Dios no lo quiera.

Un buey con mascarilla

Tercer día sin lluvias. Brilla el sol con suavidad y el aire es fresco.
Las nubes en el cielo parecen las pinceladas de un pintor.

En el santuario Tenma me he encontrado con algo que me ha hecho reír. El buey sagrado —cuyo nombre desconozco— llevaba puesta una mascarilla de los minions en su hocico. Pobrecillo, hasta él tiene que protegerse del famoso virus. Sin pensarlo he estado a punto de pasar la mano por su cabeza, como siempre, para que me diera buena suerte, pero enseguida me he contenido, en estos tiempos el verbo “tocar” es un verbo prohibido. ¡Qué pena!

Abenomask

やっとアベノマスクが届いた!
Lo prometido es deuda. Ya tenemos en casa la Abenomask, o lo que es lo mismo, la mascarilla del señor Abe, primer ministro de Japón. A primeros de abril, el gobierno anunció que iba a mandar a cada familia dos mascarillas de tela lavables, y lo ha cumplido. Son un poco pequeñas y no cubren toda la cara, pero mejor eso que nada. Mañana las lavaré.

¡No te acerques a mí!

Esta mañana, en mi paseo matutino por el parque, me he topado con este nuevo cartel. “Mantén las distancias” dice, además de otras recomendaciones como lavarse las manos, hacer gárgaras y ponerse mascarilla.
Ahora cuando coincido con alguien por la calle, tanto la otra persona como yo nos separamos como si tuviéramos la peste. ¿Este es el futuro que nos espera?