Gélido

Sentir frío es agotador. Encoge los músculos y anula el deseo de acción.

Esta mañana había cero grados dentro de casa. En el exterior la temperatura era aún más baja.

Me abrigué con capas y más capas de pesada ropa con el fin de proteger mi fina piel y mantener mi calor coroporal, y luego encendí el aire acondicionado y el kotatsu. Mientras esperaba a que la habitación se calentara, eché un vistazo por la ventana.

En el jardín, las plantas, desnudas tanto en verano como en invierno, estaban arrugadas y habían adquirido un feo tono morado nada favorecedor; otras, convertidas en negros esqueletos sin vida, ya solo eran el triste recuerdo de lo que una vez fueron.

Sin embargo, el sol brillaba alegremente y el cielo estaba azul. Si ahora hiciera una foto a un pedacito de este cielo luminoso, pensé, nadie sabría que es invierno ni que el viento gélido se divierte azotando los cuerpos contraídos de personas y plantas, nadie vería cómo la vida hace frente a las inclemencias del tiempo y se resiste a morir.