Kinō wa doko ni mo arimasen, de Tatsuji Miyoshi

Otra de las poesías que atrajo mi atención en la colección de poemas Poketto Shishū III (ポケット詩集III) fue Kinō wa doko ni mo arimasen (El ayer no está en ningún lugar) de Tatsuji Miyoshi.


 El ayer no está en ningún lugar

 Autor: Tatsuji Miyoshi
 Traducción: Matilda O. Salinas
 
 El ayer no está en ningún lugar
 Ni en los cajones de la cómoda de allí
 Ni en los cajones del escritorio de aquí
 El ayer no está en ningún lugar
  
 ¿Es una fotografía de ayer?
 Estás de pie ahí
 Estás riendo ahí
 ¿Es una fotografía de ayer?
  
 No, el ayer no está
 Las campanadas que suenan hoy son del reloj de hoy
 No es el reloj de ayer
 Las campanadas que suenan hoy son del reloj de hoy
  
 El ayer no está en ningún lugar
 La habitación de ayer no está
 Son las cortinas de hoy
 Son las zapatillas de hoy
  
 La tristeza de hoy es algo de hoy
 No es algo de ayer
 El ayer no está en ningún lugar
 La tristeza de hoy es algo de hoy
  
 No, no hay tristeza
 ¿Por qué tal tristeza?
 El ayer no está en ningún lugar
 ¿Qué tiene de triste?
  
 El ayer no está en ningún lugar
 Estabas de pie ahí
 Estabas riendo ahí
 El ayer no está en ningún lugar 
Kinō wa doko ni mo arimasen

Autor: Tatsuji Miyoshi

Kinō wa doko ni mo arimasen
Achira no tansu no hikidashi ni mo
Kochira no tsukue no hikidashi ni mo
Kinō wa doko ni mo arimasen

Sore wa kinō no shashin deshōka
Soko ni anata no tatteiru
Soko ni anata no waratteiru
Sore wa kinō no shashin deshōka

Iie kinō wa arimasen
Kyō wo utsu no wa kyō no tokei
Kyō no tokei wa arimasen
Kyō wo utsu no wa kyō no tokei

Kinō wa doko ni mo arimasen
Kinō no heya wa arimasen
Sore wa kyō no madokake desu
Sore wa kyō no surippa desu

Kyō kanashii no wa kyō no koto
Kinō no koto de wa arimasen
Kinō wa doko ni mo arimasen
Kyō kanashii no wa kyō no koto

Iie kanashiku arimasen
Nan de kanashii mono deshō
Kinō wa doko ni mo arimasen
Nani ga kanashii mono desu ka

Kinō wa doko ni mo arimasen
Soko ni anata no tatteita
Soko ni anata no waratteita
Kinō wa doko ni mo arimasen

Antología completa de Tatsuji Miyoshi. Edición definitiva, 1962.

定本三好達治全詩集1962


El poema, escrito en verso libre, está dividido en siete estrofas. Como una letanía se repite una y otra vez el título de la composición o parte de él, haciendo hincapié en la palabra arimasen (no está, no hay).

El poeta observa la habitación de manera minuciosa y nos hace saber que no existe ningún recuerdo del ayer (no hay nada en los cajones de la cómoda ni del escritorio), y enfrenta ese pasado al hoy del son del reloj, al hoy de la habitación, las cortinas y las zapatillas. Sin embargo, hay un elemento que sirve de nexo entre el ayer y el hoy, una foto de una persona que sonríe. ¿Quién es? ¿Una mujer a la que amó? ¿Un querido amigo? El ayer y el hoy se funden en esa foto del pasado que permanece en su presente y que provoca en el poeta un sentimiento de tristeza que se niega a reconocer.

El autor

Tatsuji Miyoshi 三好達治 (1900-1964) fue un poeta, crítico literario y editor japonés de la era Shōwa.

Nace en Osaka el 23 de agosto de 1900.

Debido a las dificultades económicas que sufre su familia, tiene problemas para finalizar sus estudios.

Se alista en el ejercito imperial japonés en 1915 con el propósito de hacer carrera como soldado, pero lo abandona años más tarde. En 1925, inicia sus estudios de literatura francesa en la universidad de Tokio y traduce obras de Charles Baudelaire y otros autores franceses.

En 1930 se da a conocer con la publicación de su primera antología poética, Sokuryōsen  (La nave de medición).

Muere en Tokio el 5 de abril de 1964.

En su obra se ve reflejada la poesía simbolista francesa, con reminiscencias de la tradición poética japonesa. Su estilo es profundo, complejo y visual.

En 2004, la ciudad de Osaka crea el premio Miyoshi Tatsuji para galardonar la mejor antología poética publicada en el país.

Reconocido a nivel nacional, la poesía de Miyoshi empieza a aparecer en los libros de texto de Japón después de la Segunda Guerra Mundial: sus composiciones, breves y aparentemente sencillas, eran idóneas para la enseñanza escolar. Pese a ello, con el paso del tiempo, Miyoshi ha ido cayendo en el olvido y se ha convertido en un poeta del pasado.

Capítulo 1: Shōdoshima, la tierra natal 1. Una casa en la playa llena de vida

El puerto de Sakate es el punto de partida y llegada del barco de vapor que enlaza con la ciudad de Takamatsu, en Shikoku, y Hanshin (Osaka y Kobe), y todavía de vez en cuando se ve bastante activo.

Algo apartada del puerto y el camino, se encuentra una casa de madera de dos plantas, y, enfrente de esta, un mesón de paredes blancas. Sobre el nombre del mesón se puede leer: «Lugar de nacimiento de Sakae Tsuboi, autora de Veinticuatro ojos».

Los ancianos del pueblo desconocían la ubicación exacta de la casa de la autora porque Sakae cuando era una niña cambió varias veces de residencia, pero siguiendo las indicaciones que leí en su obra Hamabe no shiki (Las cuatro estaciones de la playa) pude dar por fin con ella. Sin embargo, no nació aquí, sino en la casa principal de la familia Iwai que no estaba muy lejos, subiendo una cuesta no demasiado empinada.

La casa de la playa, al principio, fue el lugar de trabajo de su padre, Tōkichi, que, junto con otros artesanos, fabricaba barriles y cubos. Fue en esta casa donde Tōkichi, después de años de aprendizaje, demostró su valía como artesano y donde su negocio gozó de gran prosperidad. En ese período de bonanza económica nació Sakae.

La casa de la playa estaba próxima al camino del pueblo, que lo recorre de este a oeste siguiendo una hilera de casas a lo largo de la bahía. Desde ese lugar, los niños podían bajar de un salto a la playa y adentrarse en el bosque de un santuario cercano.

El mesón blanco está justo donde se encontraba esta casa, y todavía permanecen, a la derecha, el pequeño santuario y, al otro lado del camino, el embarcadero del puerto. Por desgracia, la playa de este puerto ha sido cubierta con cemento, pero allí, de pie, sonreí satisfecha. Ah, en esta playa es posible que tocara el violín el hermano mayor de Sakae, que tenía talento para la música y solía enseñar a los niños del pueblo. Y es posible que la pequeña Sakae paseara por este camino con su abuela, que se ayudada de un bastón para andar, mientras escuchaba sus historias.

Sakae Tsuboi (de soltera, Sakae Iwai) nació en 1899 (año 32 del período Meiji), en Sakatemura, prefectura de Kagawa, en la isla de Shōdoshima.

Como ya he mencionado antes, su padre fue Tōkichi Iwai, un diestro fabricante de barriles que servían para almacenar salsa de soja, un producto típico de Shōdoshima.

La familia Iwai la integraba un gran número de personas: los padres de Sakae, Tōkichi y Asa; Iso, la abuela paterna; el hermano mayor, Yasaburō; cuatro hermanas mayores, Chiyo, Kotaka, Yori y Mitsuko; la propia escritora, Sakae; su hermano Tōtarō; su hermana Sue; su hermana Shimo y su hermano Sankichi, que fueron dos hermanos huérfanos adoptados por sus padres; y por último sus hermanas pequeñas Shin y Sadae. Pero, además, también vivían en la casa cinco o seis aprendices a los que se les enseñaba el arte de fabricar barriles.

Tōkichi Iwai en su juventud quiso ser marinero como su padre, Katsuzō, pero este murió por una enfermedad en Matoya, en la ciudad de Ise, cuando estaba haciendo su ruta  en barco, y su madre se opuso a ello —la abuela Iso siempre lamentó no haber podido atender a su marido cuando este cayó enfermo—. Así que finalmente entró como aprendiz del señor Taruya, apodo que significa «tienda de barriles» , pues su nombre verdadero era San-ue-mon. Tōkichi pronto dio muestras de su habilidad como artesano y compitió por ser el sucesor de su patrón. Finalmente se independizó, y se ganó la confianza de los comerciantes de salsa de soja y cerveza, por su carácter serio y su técnica artesanal. Y, no solo eso, además se casó con la única hija de su patrón, Asa.

Asa era una joven inteligente que solo había asistido a una terakoya (escuela del templo donde se aprende lo elemental), situada a unos cuatro kilómetros de Sakate, que soñaba con ser maestra algún día. Pero hubo de abandonar semejante sueño cuando se convirtió en la esposa de un artesano de barriles a los diecinueve años de edad.

Tōkichi y Asa fueron bendecidos con un gran número de hijos, diez exactamente, y tuvieron que trabajar muy duro para mantener a su numerosa prole. Los ocho primeros hijos apenas se llevaban dos años de diferencia, y la abuela Iso fue de gran ayuda en la crianza. Pero también había que atender a los jóvenes aprendices que vivían en la casa y dos hermanos huérfanos que fueron acogidos por el matrimonio. La historia de estos dos hermanos se relata en la novela Koyomi (Calendario).

En una barca de la playa o en el santuario cercano dormían dos niños pequeños que habían llegado de un pueblo vecino. Cuando Ine (nombre ficticio de Asa) los encontró, solo se preocupó de darles algo de comer, pero, al oírlos llamar desesperadamente a su hermana mayor, tomó la decisión de llevárselos con ella, no sin antes consultar a su esposo y a su suegra. Les quitó los kimonos que estaban infestados de piojos y les afeitó las cabezas antes de meterlos en casa. Y la familia Hyuga acabó siendo tan bulliciosa como una bandada de gorriones. Tanto los aprendices como los huérfanos eran tratados como verdaderos hijos y todos se peleaban como hermanos.

No es difícil imaginar la gran influencia en sus vidas que supuso para Sakae y los demás niños esta muestra de afecto del matrimonio Iwai.

Lo que se cuenta en Koyomi tiene lugar después del nacimiento del hermano pequeño de Sakae, Tōtarō, cuando aún no habían nacido las dos últimas hermanas.

Cada vez que los dos huérfanos se acercaban hasta la casa de la familia Iwai, Asa les proporcionaba ropa y alimento, y, gradualmente, les fue tomando cariño. La abuela Iso le propuso que los adoptara, dándole así su apoyo, y su esposo, Tōkichi, con un “venga, hazlo si quieres”, le dio su consentimiento. Ante el asombro de la gente del pueblo, estos niños fueron criados como los de la familia. Shimo, la hermana mayor, contrajo matrimonio con un habitante de la isla, pero dicen que murió joven. El otro hermano huérfano, Sankichi, acabó siendo el sucesor de Tōkichi en el negocio de barriles, y, cuando este se arruinó y enfermó, no dudó en brindarle su ayuda como muestra de su eterna gratitud.

La casa de la playa era un pobre edificio de chamizo cuando la compró el padre de Sakae, pero estaba frente al mar, en el camino de la playa, una ubicación privilegiada donde había varios comercios, como mesones y restaurantes, y la oficina del barco de vapor. Allí puso su padre el taller, y cada mañana se escuchaba el fuerte martilleo de los artesanos que se expandía hasta las casas vecinas. Durante este período, cuando el negocio iba viento en popa, Tōkichi tenía como clientes a tres casas productoras de salsa de soja, y en su taller siempre había cinco o seis aprendices. Era una persona trabajadora y de carácter alegre a la que le gustaban los pequeños lujos. Por ejemplo, cuando en el pueblo solo había un gran reloj en el ayuntamiento y otro en el colegio, Tōkichi, el artesano de barriles, junto con el médico y el dueño del ryokan, fue uno de los pocos que pudo adquirir un caro y elegante reloj de pared, de forma octogonal y sin péndulo, procedente de una relojería de Osaka. Los negocios le iban bien y le gustaban las cosas bonitas. Enseguida, colocó orgullosamente el reloj en su oficina para que pudiera ser visto desde el exterior.

A Tōkichi también le gustaban el sake y el tabaco, pero sobre todo el Jōruri, un tipo de música que se ejecuta en el teatro de títeres Bunraku. Practicaba muy en serio, y dicen que se le daba muy bien recitar el Gidayū, las narraciones que se cantan en este estilo de música. Y con el nombre artístico de Toyotake Fukujū Dayū, que él mismo se puso, fue conocido en este mundillo, incluso se hizo grabar una taza con este nombre. Pero su mujer no estaba de acuerdo con este pasatiempo, pues pensaba que no era propio de gente humilde como ellos. A ella este tipo de cosas le parecían una tontería. Los niños también, por influencia de su madre, manifestaron su contariedad. Sin embargo, Tōkichi nunca se enfrentó a su mujer porque sentía un gran respeto hacia ella. Décadas después, las hermanas, al hablar sobre sus padres, comentaban que, aunque respetaban y querían a su madre, el afecto hacia su padre siempre fue mucho más profundo. No era raro que Sakae tarareara alguna composición de Gidayū que había aprendido de su padre.

Cuando el taller de la playa tiene más trabajo que nunca, la numerosa familia deja de vivir bajo el mismo techo y se divide en tres grupos. Los niños que asistían a la escuela y los pequeños que aún tomaban el pecho vivían con los padres en la casa principal, en la calle de la playa al final de una cuesta poco pronunciada; y en un pequeño refugio o caseta, algo apartada de la casa principal, lo hacían la abuela y los niños que todavía no estaban en la edad escolar. Los aprendices dormían en la casa de la playa.

La madre se levantaba antes del amanecer y se dirigía a la casa de la playa para preparar la comida de toda la familia. Todos los miembros se reunían allí para comer, y luego se marchaban, uno tras otro, al trabajo o al colegio.

En la amplia cocina se había construido un horno de ladrillo rojo de estilo occidental con cuatro fogones. Y sobre este siempre había humeando una olla de hierro o un gran caldero en el que se podía cocer hasta ocho kilos de arroz.

Sakae también vivió con su abuela antes de ir al colegio como hicieron sus otros hermanos. Era la más tranquila de sus hermanas y tendía a enfermar. También era la más complaciente porque no sabía llevarle la contraria a nadie cuando se le ordenaba algo. La abuela Iso solía padecer dolores de espalda, y Sakae le daba golpecitos para aliviarla. Así fue como aprendió a contar hasta diez mil cuando tenía cinco años. No era una niña muy despierta, pero era muy paciente y considerada. Cada día, cuando todos se dirigían a la casa de la playa para comer, Sakae caminaba despacio junto a su abuela, al mismo paso lento que marcaba su bastón, sin impacientarse como los otros nietos. Su abuela agradecía mucho este gesto y de todos los nietos era a la que más quería. Y en el trayecto, que duraba menos de diez minutos, Sakae escuchaba los cotilleos y los viejos recuerdos de su abuela, pues a esta le encantaban las historias y se le daba muy bien contarlas. Mientras pelaban habas, sentadas en un banco que usaban en verano, o giraban el molino de piedra, o también cuando dormían juntas, la abuela Iso le transmitía muchos cuentos populares de Sakate e historias sobre personas que había conocido o de las que había oído hablar.

Sakae escuchó repetidamente estas historias y las conservó dentro de sí, para convertirlas, finalmente, en el germen de sus propios relatos.

Una de las historias que solía contar su abuela era la del abuelo Katsuzō, que, cuando se dirigía en barco hasta Edo, contrajo la enfermedad del cólera mientras esperaba a que mejorase el tiempo en Matoya, en la ciudad de Ise, donde acabó muriendo.

«Ise no Matoya no Hiyoriyama» (Qué buen tiempo hace en la montaña de Matoya en Ise). Estas palabras las entonaba la abuela como si fuera una nana. Durante sesenta años se las dijo a su único hijo y después a cada uno de sus diez nietos. Y podría haberlas repetido cientos, miles de veces, tal vez más, porque en ese lugar es donde se encontraba la tumba de su esposo.

En la obra Ise no Matoya no Hiyoriyama de Sakae Tsuboi se relata este episodio. La abuela llena de pesar les decía a sus nietos: «En la lápida solo pone Shōdoshima Katsuzō. Cuando vosotros seáis mayores, id a visitar su tumba. Hacedlo por vuestra abuela. Yo nunca pude ir durante mi vida, aunque no fue esa mi intención».

Sakae fue la única nieta que no olvidó el deseo de su abuela, y, como cuenta en su obra, hizo todo lo posible por encontrar la tumba de su abuelo. Tardó en hacerlo. La tercera vez que fue a Matoya, por fin, en un libro antiguo de registros halló escrito: «Shōdoshima Katsuzō». Pero, desgraciadamente, en el lugar se había erigido un monumento a las víctimas del mar, y las letras de la lápida habían sido cubiertas con cemento.

Esta historia y muchas otras que su abuela solía relatar permanecieron en la memoria de Sakae y, junto con su amor a Shōdoshima, su tierra natal, influyeron profundamente en su obra.

“Yūzutsu wo mite”, de Haruo Satō

“Yūzutsu wo mite”, de Haruo Satō

Yūzutsu 夕づつ es una palabra formada por la combinación de dos kanjis: 夕 (yū, la tarde) y 星 (hoshi, estrella). Es el planeta Venus que se ve en el cielo del oeste, al atardecer (西の空に見える金星). Y aunque todos sabemos que Venus es un planeta, tradicionalmente se le ha considerado una estrella, la estrella vespertina.

Cuando leí este poema por primera vez, me gustó la sonoridad y sencillez de sus palabras que evocaban un atardecer íntimo y sereno, dirigidas a una dama desconocida.

El poeta y novelista Haruo Satō 佐藤春夫 (1892) estaba casado con la actriz Kayoko Maiya, pero se enamoró de Chiyoko, mujer del escritor Junichiro Tanizaki. Aunque su esposo parecía no amarla (tenía relaciones con la hermana de su mujer) se opuso al divorcio. Finalmente, se casaron en 1930.

¿Es posible que las palabras de este poema fuera dedicadas a Chiyoko Tanizaki, un amor tan inalcanzable y brillante como la estrella vespertina?

En el siguiente vídeo podéis escucharme recitando este poema (que yo misma he traducido) en japonés y español. Espero que os guste.

Crea tu sitio web con WordPress.com
Comenzar
A %d blogueros les gusta esto: