Un buey con mascarilla

Tercer día sin lluvias. Brilla el sol con suavidad y el aire es fresco.
Las nubes en el cielo parecen las pinceladas de un pintor.

En el santuario Tenma me he encontrado con algo que me ha hecho reír. El buey sagrado —cuyo nombre desconozco— llevaba puesta una mascarilla de los minions en su hocico. Pobrecillo, hasta él tiene que protegerse del famoso virus. Sin pensarlo he estado a punto de pasar la mano por su cabeza, como siempre, para que me diera buena suerte, pero enseguida me he contenido, en estos tiempos el verbo “tocar” es un verbo prohibido. ¡Qué pena!

Abenomask

やっとアベノマスクが届いた!
Lo prometido es deuda. Ya tenemos en casa la Abenomask, o lo que es lo mismo, la mascarilla del señor Abe, primer ministro de Japón. A primeros de abril, el gobierno anunció que iba a mandar a cada familia dos mascarillas de tela lavables, y lo ha cumplido. Son un poco pequeñas y no cubren toda la cara, pero mejor eso que nada. Mañana las lavaré.