Mis amados niños. Introducción: un retrato de esperanza y afecto (2.ª parte)

Sakae Tsuboi, en muchas de sus obras, como Koyomi (Calendario), que ganó la cuarta edición del premio literario Shinchōsha, Tsuma no za (El lugar de la esposa), Kishi utsu nami (El rompeolas), Zakkyo kazoku (La familia de una sola habitación), Yane ura no kiroku (Los apuntes de la buhardilla), etc., plantea cuál es la posición de la mujer en la sociedad, y escribe una serie de novelas autobiográficas en las que mezcla ficción con sus propias observaciones personales. Así tenemos la obra Kaze (Viento), con la que ganó la séptima edición de literatura femenina en 1955.

Pero también escribió muchas historias dirigidas al público infantil y juvenil que, por su profundo contenido, recibieron, igualmente, la atención del lector adulto. Su obra más representativa dentro de esta categoría es Veinticuatro ojos.

Los niños sin madre y la madre sin hijos es otra obra importante de Tsuboi, una novela bastante extensa que la autora escribió cuando terminó la guerra.

El argumento de esta historia gira en torno a la figura de la señora Otora, una mujer de cuarenta años que ha perdido a su marido y a su único hijo en la guerra. Vuelve a su tierra natal en Shōdoshima y comienza a vivir sola hasta que recoge en su casa a dos hermanos pequeños, Ichirō y Shirō, hijos de una pariente que murió después de un ataque aéreo. Los dos hermanos enseguida se hacen amigos de los niños del pueblo y con ellos aprenden sobre las cosechas, los insectos y todo lo que ofrece la naturaleza de la isla. Ichirō les habla con orgullo de Kumagaya, la ciudad en la que se crio, y sobre su sueño de convertirse en ingeniero agrónomo y forestal.

En la isla, cuando un joven quería ser marinero, la familia, para que abandonara la idea, le recitaba el siguiente dicho: «Los diecisiete, los dieciocho, ¿se pueden cumplir dos veces?, ¿las flores florecen en los árboles secos?». La señor Otora se sirve de este dicho para explicar a sus pupilos que deben vivir intensamente cada instante de sus vidas porque nunca habrá una segunda oportunidad. Sus palabras encierran una crítica a los límites que imponen las condiciones sociales, y, sobre todo, a la guerra, que se lleva la vida de los más jóvenes.

Una tarde, a principios de verano, aparece el padre de los niños cuando estos jugaban en la playa. La escena del padre que va a Shōdoshima a buscar a su familia nos hace sentir alivio, pero no es el final feliz de esta historia. El padre, un soldado desmovilizado, no encuentra trabajo. Ante la preocupación de su hijo mayor, este le explica con calma que es debido a los prejuicios de la sociedad. Durante la guerra fue expulsado de su trabajo por ser profesor de inglés y, tras ser obligado a ser soldado raso, es hecho prisionero por la Unión Soviética.

El padre de Ichirō y Shirō y la señora Otora quieren unirse para formar una familia, pero antes consultan a los niños para pedir su aprobación, respetando sus sentimientos. Un esposo que ha perdido a su esposa, una esposa que ha perdido a su esposo, unos niños que han perdido a su madre, una madre que ha perdido a su hijo. Unas personas que han padecido mutuamente los horrores de la guerra, ¿no es mejor que vivan juntas?

Sakae crio al hijo de unos familiares que quedó huérfano, pero ella nunca pudo tener hijos. Sin embargo, su manera de retratar a los niños es tan hábil y esmerada que podría hablarse de instinto maternal. Su corazón está con el pueblo llano, y escribe sobre su dolor y sufrimiento, sin exaltarse y en un tono calmado. Pero también alienta y da esperanza a los adultos a través de la inocencia de los niños.

La autora deseaba que, en un mundo pacífico y sin guerras, se trabajara para que no hubiera discriminación ni prejuicios, y que los niños pudieran vivir felices rodeados del cariño de sus padres. Y, así, este deseo se convitió en literatura.

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Datos biográficos de Sakae Tsuboi

Proyecto personal Sakae Tsuboi