Colores de primavera

Cada año las plantas aguardan su gran momento. Despiertan de su letargo y se hacen notar con sus bellas flores que te salen al encuentro en el camino.

Ese arbusto, cuyas ramas peladas y delgadas se deslizaban hacia el suelo sin ningún signo de gracia, en marzo se llena de diminutas flores blancas y se convierte en un hermoso Sauce de nieve que derrama su blancura sobre la hierba.

Spiraea thunbergii, Yuki Yanagi (ユキヤナギ)

Escondidas y enredadas en otra planta, que espera pacientemente su turno, unas tímidas florecillas de color amarillo verdoso miran al suelo cabizbajas. Parece que tengan miedo de ser vistas, pero su vivo color las delata. Más tarde, en casa, consulto mi libro de plantas para conocer su nombre, pero no consigo encontrarlas, también aquí hacen lo posible por pasar desapercibidas.

Las camelias, más delicadas y vulnerables que sus compañeras kantsubaki de invierno, están en la cumbre de su esplendor. Blancas y rojas, surgen de un mar de hojas de verde oscuro, sin embargo, su final es eminente. Muchas de ellas ya reposan sobre el suelo formando una alfombra de color. Su muerte es trágica. Caen pesadamente como cabezas cortadas con una afilada katana. Así lo sentí cuando una cayó a mis pies. Por eso dicen que estas flores nunca adornan el interior de las casas, porque trae mala suerte.

Camelias, Tsubaki (つばき)